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Llevar a escala el aprendizaje temprano de calidad
Actualmente existe un pujante movimiento global para extender la educación y el cuidado de la infancia temprana. Este movimiento está impulsado por un sólido corpus de pruebas extraído de estudios que abarcan lugares tan diversos como Egipto, India, Colombia, Estados Unidos y Bolivia.
Solo en el periodo de 1999-2006, la cobertura global de la educación preescolar se ha incrementado en un 26% (globalmente alcanza algo más del 40% entre los niños de 3 a 4 años) y la cifra de niños que quedan fuera de la escuela primaria se ha reducido en cerca de un cuarto.
Las tendencias se encaminan en la dirección correcta, y por tanto el problema se torna más específico: ¿cuáles son los puntos de control para asegurar que los más desfavorecidos no queden excluidos?
En muchos países, la creación de modelos de provisión y de diseño de los programas de aprendizaje temprano ya no sigue siendo la cuestión principal; sin embargo, lo que continúa estando en juego es cómo llevar a escala inversiones en el aprendizaje temprano en las que se mantenga un nivel de calidad razonable y que alcance a los desfavorecidos.
En un reciente estudio de los esfuerzos por ‘ampliar la escala’ realizado por el Instituto Brookings y financiado por la Fundación Bernard van Leer, cuatro países arrojaron resultados insatisfactorios, y en ningún caso se indicó la falta de financiación como la razón principal para ello.
El informe Educación para Todos 2009 de Unesco señala indicios de una relación inversa entre necesidad y provisión, lo que significa que incluso cuando la cobertura general es elevada, con frecuencia los más desfavorecidos quedan fuera de ella.
Para abordar eficazmente el reto de ampliar la escala, iremos más allá de la mecánica de un modelo individual de provisión de servicio o de la falta de financiación pública. Aprovecharemos nuestros 40 años de experiencia en un esfuerzo coordinado para abogar por enfoques eficientes en términos de costos, que:
• estén dedicados a los más desfavorecidos;
• se centren en construir una demanda prolongada de servicios entre los más pobres;
• alcance economías de escala, y
• explore acuerdos de financiación que sean viables en entornos de recursos deficientes o en situaciones donde es probable que la financiación pública sea demasiado débil como para ‘valerse por sí sola’.
