Mejorando la calidad del cuidado infantil en Holanda

Lisa Jordan, Directora Ejecutiva, 3 de octubre de 2011

El momento de la vuelta al colegio es uno de los más estresantes para los padres. Organizar el cuidado infantil puede ser un reto, y en un lugar como los Países Bajos, es una prueba todavía más difícil. En La Haya, donde vivo, tan solo dos centros de cuidado infantil están asociados al colegio de mis hijos y pueden recogerlos cuando terminan las clases. A pesar de que han subido sus tarifas, ambos tienen largas listas de espera. No es sorprendente: los padres que trabajamos a jornada completa no podemos de ningún modo salir corriendo desde la oficina para recoger a nuestros hijos a las 3 de la tarde cada día, así que tomamos las opciones que podemos.

Lisa Jordan, Executive Director of the Bernard van Leer FoundationLa situación es comparable para los padres que trabajan, que tienen niños más pequeños y que buscan un cuidado infantil de calidad que puedan permitirse. No deja de ser un reto, aunque tengan ingresos suficientes para pagar los costes del servicio (en aumento debido a un cambio reciente en la legislación del gobierno neerlandés).

Para los padres en peor situación económica y con niños en edad preescolar, encontrar un cuidado infantil asequible, conveniente y de buena calidad se está haciendo prácticamente imposible. Este mismo año, el 25% de los padres que viven en zonas de rentas bajas están sacando a sus hijos del sistema de cuidado infantil organizado. Como resultado de ello, las mujeres están también saliendo del mercado laboral, o dejando sus carreras laborales “en espera”.

Esto frustra la necesidad nacional de aumentar la participación de las mujeres en el mercado laboral, una preocupación reconocida, pues la población está entrando en rápido envejecimiento. Recortar el presupuesto para el aprendizaje temprano hoy dará lugar a menores ingresos para los Países Bajos a largo plazo. ¿Y cómo sabemos esto?

Una serie interminable de estudios confirma que el cuidado infantil de buena calidad redunda en beneficios sociales y económicos. El ejemplo más famoso es el estudio de James Heckman sobre el Proyecto Preescolar Perry, que halló que por cada dólar invertido se generaban alrededor de 7 dólares en beneficios para la sociedad. Más recientemente, la UE y la OCDE han confirmado que la inversión en la primera infancia es crucial para la prosperidad y el bienestar futuro de cada niño y de la sociedad en su conjunto: reduce los índices de embarazos juveniles, el abandono escolar, el abuso de sustancias y las penas de prisión. La ciencia lo demuestra, tanto de la manera más amable como de la forma más cruda. La inversión en el cuidado de calidad para los niños pequeños es recomendable tanto desde el punto económico como el social. La publicación The Lancet presentó nuevas estadísticas recientemente, en las que se ponía de manifiesto que inversiones modestas en el cuidado infantil de calidad y en la educación preescolar pueden generar beneficios para la sociedad valorados en miles de millones. Puede leer los resúmenes (en inglés) aquí o en el sitio del Grupo Consultivo.

Los niños de los barrios desfavorecidos suelen ser los que más se benefician del cuidado infantil organizado de alta calidad. Si asisten a centros de cuidado infantil que sean seguros, estimulantes y que promuevan eficazmente el aprendizaje temprano, superarán muchas desventajas del entorno de su hogar. Los ciclos de la pobreza pueden romperse mediante el cuidado infantil de calidad, creando así un ahorro para las arcas públicas, y una sociedad más igualitaria y productiva con la que operar.

Así pues, ¿cómo pueden los Países Bajos mejorar la calidad del cuidado infantil organizado? Tendrían que abordarse dos cuestiones:

En primer lugar, el personal que trabaja en el sector del cuidado infantil – actualmente, uno de los sectores en más rápido crecimiento del país – necesita mejores oportunidades profesionales y mejor formación. En la actualidad, los programas que forman a los proveedores de cuidado infantil dedican únicamente seis semanas a la temática del desarrollo de los niños pequeños. Sencillamente, los cuidadores no se educan lo suficiente como para asegurar que puedan detectar de manera precoz los retrasos en el desarrollo, diseñar un buen currículo en consonancia con las fases normales de desarrollo, o aprender el modo de estimular a un niño pequeño o a un bebé. Igualmente, necesitan opciones que les permitan extender sus carreras profesionales, que en estos momentos ofrecen muy poca movilidad ascendente y carecen de incentivos para mejorar el rendimiento.

En segundo lugar, los padres, especialmente los más humildes, han de tener voz y voto en el ámbito del cuidado infantil. Actualmente los padres tienen poca voz porque prácticamente no tienen otra elección. Los cambios en la manera en que se organiza el cuidado deberían orientarse a ofrecer una mayor capacidad de elección, de manera que puedan adquirir calidad. Los servicios tienen también que ser accesibles y flexibles para satisfacer las necesidades de los padres con jornadas de trabajo irregulares. La mayoría de los padres escogerán un cuidado infantil de gran calidad si tienen la oportunidad, y muchos proveedores se sentirían orgullosos de ello.

Las guarderías necesitan ser algo más que un lugar donde los padres puedan dejar a los niños durante unas horas: han de ser centros de aprendizaje temprano a donde los padres puedan llevar a sus hijos porque reconocen que el tiempo que pasan allí potenciará el desarrollo y el aprendizaje infantil. Los padres no deberían verse obligados a escoger entre un ingreso extra para el hogar, sus carreras u oportunidades de crecimiento y de aprendizaje para sus hijos. Las oportunidades de aprendizaje temprano de calidad ayudan a los niños, a sus padres y a la sociedad a través del crecimiento económico y del ahorro social, tanto ahora como en el futuro. Por esa razón, creemos que invertir en los niños pequeños redunda en beneficio de todos.

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