Apoyando a los niños romaníes a romper el ciclo de exclusión

Lisa Jordan, Directora Ejecutiva, 11 de mayo de 2010

Los niños romaníes tienen un riesgo tres veces más elevado que otros niños europeos de morir antes de cumplir los cinco años de edad. Un millón de ellos nunca va a la escuela, y otro millón queda relegado a escuelas para niños con necesidades específicas.

 

En Europa, gran parte de los 16 millones de niños romaníes vive en condiciones peores que las de Bangladesh o las de Papúa Nueva Guinea; son condiciones inaceptables en cualquier lugar y que, sencillamente, nadie espera encontrar en las modernas ciudades europeas.

 

Cuando asistí a la Cumbre Europea sobre la Población Roma, celebrada el mes pasado y presentada por la Presidencia española de la UE, un oficial de la UE describió con absoluta frustración la forma en la que una comunidad de la minoría romaní se había refugiado entre los escombros de una vieja mina de carbón tras haber sido expulsada de la ciudad.

 

Estas condiciones son el resultado de la más pura discriminación y de la contravención de los derechos del niño, y son particularmente notables en Croacia, Rumanía y Serbia, donde con frecuencia se excluye a los niños romaníes del sistema escolar ordinario. Un grupo de padres de minoría romaní interpuso recientemente una demanda contra el Estado de Croacia por esta causa –y la ganó–, lo que desmiente el generalizado mito de que los propios padres romaníes no confieren ningún valor a la educación.

 

Europa se encuentra actualmente a mitad de su trayectoria de la Década para la Inclusión Romaní, iniciativa de la UE, el Open Society Institute y el Banco Mundial. Se está prestando debida atención por parte de la Presidencia española y se han alcanzado compromisos por parte de Bélgica y Hungría para mantener el foco de atención sobre la comunidad romaní.

 

Pero la UE tiene que hacer mucho más; esto es, abrirse paso a través de la maraña de burocracia que dificulta que las iniciativas emprendidas por el pueblo romaní reciban financiación, y ofrecer incentivos financieros a los municipios y a los Estados miembro para invertir en la minoría romaní: en otras palabras, facilitar el acceso a los fondos estructurales y destinarlos a las ciudades y a los municipios comprometidos con la mejora de las vidas de los niños pequeños romaníes. Las fundaciones, incluyendo la Fundación Bernard van Leer, tienen la oportunidad de marcar la diferencia, concentrando su atención en los niños pequeños del pueblo romaní y rompiendo el ciclo histórico de pobreza, persecución y exclusión.

 

El año pasado nos unimos a otras fundaciones europeas y a organizaciones dirigidas por los propios romaníes para crear un Foro de Fundaciones Europeas para la Inclusión Romaní y, hasta el momento, hemos llegado a las siguientes conclusiones: las intervenciones destinadas a las comunidades romaníes son más efectivas cuando los municipios responden a las necesidades identificadas por el pueblo romaní, cuando se abordan simultáneamente múltiples necesidades y cuando existen modelos visibles de conducta del propio pueblo romaní que operan el proceso de cambio.

 

Cuando se trata de los niños, ello significa proporcionar acceso a servicios combinados y de calidad en materia de salud, educación, protección y apoyo económico. Significa también más profesores y personal docente de apoyo de la minoría romaní. Se da la trágica circunstancia de que los niños romaníes con frecuencia caen en el abandono escolar a causa del grave acoso que sufren en ese ámbito. Al igual que los niños de muchas poblaciones minoritarias, se enfrentan a las barreras del lenguaje y a los retos de las disparidades culturales que existen entre el hogar y la escuela. La presencia de adultos de la minoría romaní en el aula se traduce en el éxito de los niños romaníes en la educación. Se puede leer el informe completo (en inglés) sobre los factores que favorecen a los niños de la minoría romaní en el sitio del European Foundation Center (EFC).

 

El próximo 2 de junio, el Foro de Fundaciones para la Inclusión Romaní se reunirá de nuevo en la semana de trabajo (Foundation Week) para trabajar con oficiales de la Unión Europea y de las ciudades europeas con vistas a crear un plan de acción para las fundaciones. Todas las fundaciones vinculadas a esta labor son bienvenidas a unirse a nosotros para aprovechar la atención y la oportunidad de trabajo con la Unión Europea que nos brinda esta ocasión.

 

Mientras tanto, la Fundación Bernard van Leer ha financiado excelentes materiales de formación pedagógica para preparar a los docentes a la diversidad en el aula, lo que incluye materiales de formación específicos para los profesores que trabajan con comunidades romaníes: “Dar sentido a las buenas prácticas”, disponible en 6 idiomas a través de la red DECET.

 

Dada la extensa presencia del pueblo romaní en numerosos países europeos, su profunda reivindicación de la ciudadanía europea no tiene parangón, y se encuentran al final de la lista. Nuestro cometido de trabajar con los más desfavorecidos y de centrarnos en Europa nos conduce directamente a la comunidad romaní. Cuando una buena política europea resulte en mejoras concretas de las vidas de los niños romaníes, todos sabremos sin género de dudas que Europa es, efectivamente, una unión para todos los niños.

 

Ése es un objetivo que todas las fundaciones pueden respaldar.

 

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