Aplicándonos nuestra propia evaluación
Lisa Jordan, Directora Ejecutiva, 14 de junio de 2010

La semana pasada, ante una nutrida audiencia en Bruselas durante la Semana de Trabajo “European Foundation Week” (blog), tuve la oportunidad de compartir algunas reflexiones con aproximadamente un centenar de fundaciones, acerca de la evaluación.
En una era de creciente responsabilización, mayor escrutinio y limitación de recursos, la gente espera que las fundaciones hagan más con menos. A la vista de esta nueva exigencia pública, ¿cómo vamos a evaluarnos a nosotros mismos y a nuestro trabajo?
Pues bien; para empezar, en la Fundación Bernard van Leer hemos hecho lo inimaginable: hemos puesto fin al departamento de evaluación.
Siempre hemos sido diligentes en el seguimiento y en la evaluación. Desde principios de los años sesenta, Oscar van Leer puso gran hincapié en la evaluación, mucho antes de que se convirtiera en algo generalizado. Necesitábamos beneficiarios sobre los que emprender evaluaciones de manera regular, para determinar si los proyectos que financiábamos rendían los resultados que esperábamos. Cada proyecto fue examinado por un departamento de evaluación que ayudó al personal del programa a aplicar marcos lógicos. Se predijeron los resultados y se persiguieron resultados mensurables.
Estas técnicas facilitaron relativamente saber a cuántos niños estábamos dando servicio, a cuántos centros estábamos apoyando, y a cuántas familias podíamos alcanzar. Pudimos computar esos resultados. La recopilación correcta de los datos nos permitió determinar la eficacia con que nuestros euros se aplicaban a las necesidades de los niños a través de un amplio abanico de contextos. Los marcos lógicos son instrumentos útiles para proyectos basados en buenas prácticas que están limitados en el tiempo y cuentan con pocos elementos variables.
La Fundación Bernard van Leer se propuso replicar el cuidado infantil de calidad a través de una amplia gama de países y, en su mayor parte, hemos tenido gran éxito en proporcionar cuidado de buena calidad a los niños en situación muy desfavorecida.
A medida que la Fundación está pasando de la gestión de proyectos a la de programas y pretende lograr un cambio sistémico y un mayor impacto, la utilidad de nuestros acuerdos de evaluación se pone cada vez más en tela de juicio. Puesto que los marcos lógicos miden únicamente resultados previstos, ¿cómo puede una pequeña fundación abarcar la verdadera complejidad que ejerce su impacto sobre las opciones del niño, y responder a ella?
Evaluar los proyectos individuales frente a un conjunto predeterminado de resultados no nos ayuda a comprender cómo crear las condiciones para un cambio sostenible en las vidas de los niños pequeños. Es prácticamente imposible determinar las pautas, realizar un seguimiento de los múltiples factores de cambio, capturar el resultado imprevisto, o incluso aislar y a continuación replicar los factores más significativos que han marcado la diferencia. Los modelos lineales no pueden emprender el seguimiento de los complejos sistemas sociales que delimitan las oportunidades de los niños. Si existiera un plan rector para crear la igualdad de oportunidades para los niños, a estas alturas todos lo sabríamos.
Al poner punto final al departamento de evaluaciones estamos cambiando la orientación de nuestra cultura de evaluación y seguimiento, llevándola desde un enfoque singular sobre los resultados de un proyecto en particular, hacia el impacto de nuestras propias estrategias. Estamos construyendo una nueva cultura del aprendizaje, en la que la evaluación alimenta nuestros objetivos y proporciona una oportunidad para aprender junto con nuestras organizaciones contrapartes el éxito o el fracaso de nuestras propias elecciones estratégicas.
La evaluación es ahora parte integral de los planes de programa que estamos desarrollando. Comienza en las fases de planificación en que nos hallamos ahora con la totalidad de nuestros nuevos objetivos. Ello significa aplicarnos la evaluación a nosotros mismos para evaluar nuestras propias teorías sobre cómo puede producirse el cambio, documentar las condiciones de los niños cuando llegamos, las mismas condiciones cuando nos vamos, y de nuevo mucho tiempo después de que nos hayamos ido.
Significa que tendremos que desarrollar una profunda comprensión de los factores que limitan el máximo potencial de desarrollo de los niños, de los elementos que crean niveles inaceptables de violencia en sus vidas, de los que conducen a la falta de servicios para los niños en situación de marginación, de las razones del abandono escolar, y del impacto del entorno físico en sus vidas, para después experimentar con una amplia gama de estrategias, de intervenciones y de enfoques con el fin de comprobar lo que funciona, lo que puede construirse para cambiar las condiciones en las que viven los niños pequeños, de forma que la Fundación Bernard van Leer ya no necesite actuar como proveedor de servicio.
Significa operar no solo desde el lado del proveedor, sino también desde el que promueve la demanda, modifica actitudes y prácticas, y lleva el ámbito de la intervención más allá de los habituales elementos sospechosos. Los programas requieren una multitud de elementos variables, y todos ellos deben controlarse y evaluarse en tiempo real. Ningún marco lógico puede hacer todo eso.
Somos afortunados por tener a nuestro alcance una amplia gama de nuevas herramientas que pueden ayudarnos a recopilar datos de referencia, a definir los tipos de resultados que queremos obtener, a evaluar todos los elementos, desde la seguridad en el hogar y en su entorno próximo hasta las actitudes hacia la violencia en la vida de los niños. Los oficiales de programa pueden emplear muchas metodologías para evaluar el impacto de una red, desde la eficacia de las actividades que generan ingresos, a la voluntad política de los políticos para trabajar en defensa de los niños. Los oficiales de programa están investigando una base de datos de metodologías disponibles a través del Foundation Center, en Nueva York, denominada TRASI; disponen también de la investigación recopilada por el Philanthropy for Social Justice and Peace para medir el cambio sistémico a largo plazo y el impacto sobre las causas de origen.
No existe un patrón único que se acople a todos los modelos, ninguna metodología que vaya a funcionar en cualquier circunstancia. Lo importante es tener en cuenta lo que Barry Knight, de Centris, afirma siempre: la evaluación debe ser propia del oficial de programas; con resultados funcionales que sean lo suficientemente sólidos para ser fiables y que puedan interpretarse por alguien que no sea miembro de la Real Sociedad de Estadística (como es él). Debería ser tan simple como pueda ser, pero tampoco más. En otras palabras, la evaluación efectiva debe ser NUESTRA, no algo que impongamos a los demás.
A medida que avanzamos en la implementación de nuestras nuevas estrategias y empleamos una amplia gama de metodologías de evaluación, le invitamos a seguir nuestro progreso a través de este sitio web.
